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La Real Sociedad golpea primero en San Mamés

La Real Sociedad dio un golpe de autoridad en San Mamés en una semifinal copera de máxima tensión, imponiendo su fútbol, su carácter y su ambición en un escenario siempre complicado. Con el recuerdo aún reciente del derbi liguero y con la final de La Cartuja en el horizonte, el conjunto txuri urdin salió decidido a asumir el protagonismo desde el primer minuto. No se dejó intimidar por el ambiente ni por la trascendencia del duelo y firmó una actuación madura, de equipo grande, dominando fases amplias del encuentro y demostrando que está preparado para competir a lo grande. La eliminatoria se resolverá en Anoeta, pero la Real dio en Bilbao un paso firme que puede resultar determinante.

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Álex Padilla, Adama Boiro, Aymeric Laporte, Íñigo Lekue, Iker Monreal, Mikel Jauregizar (Mikel Vesga, min. 81), Robert Navarro (Nico Serrano, min. 55), Unai Gómez (Selton Sánchez, min. 55), Alejandro Rego (Íñigo Ruíz de Galarreta, min. 55), Iñaki Williams (Nico Williams, min. 55) y Gorka Guruzeta

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Álex Remiro, Jon Martín, Jon Aramburu (Aritz Elustondo, min. 73), Duje Caleta-Car, Sergio Gómez, Gonçalo Guedes (Job Ochieng, min. 94), Pablo Marín (Álvaro Odriozola, min. 84), Beñat Turrientes (Orri Óskarsson, min. 73), Carlos Soler (Yangel Herrera, min. 84), Jon Gorrotxategi y Mikel Oyarzabal

Goles
0-1 min. 61: Beñat Turrientes

Arbitro José María Sánchez Martínez

Tarjetas amarillas
Gonçalo Guedes (min. 57), Álvaro Odriozola (min. 63), Ruiz de Galarreta (min. 64), Matarazzo (min. 93), Oyarzabal (min. 95)

Pellegrino Matarazzo le ha cambiado por completo la cara a la Real Sociedad, que sigue sin conocer la derrota en lo que se lleva disputado de 2026. El estadounidense ha colocado a un equipo moribundo hace apenas un par de meses a las puertas de una final de Copa. Palabras mayores. San Mamés tuvo claro color txuri urdin. La Real dio un paso al frente y lo hizo a lo grande, sentando cátedra en el santuario rojiblanco. Solo le faltó un resultado más abultado. Oportunidades tuvo para ello. La final en La Cartuja está un poquito más cerca gracias a un gol de Beñat Turrientes, un futbolista que, hasta la llegada de Matarazzo, estuvo más cerca que lejos de salir de Donostia por la falta de minutos. Pero con el estadounidense ha llegado su mejor versión. Solo él tuvo la clarividencia necesaria para batir la portería de Padilla. Un gol que puede tener su peso en oro.

La Real Sociedad fue superior en juego, ritmo y ocasiones, y puso contra las cuerdas al Athletic con llegadas muy claras, pero hasta el tanto de Turrientes, emergió la figura de un invitado inesperado como Alex Padilla, portero suplente en Liga, pero la elección de Valverde para la Copa. Pablo Marín, primero, tuvo una oportunidad manifiesta, tras una gran pase de Guedes, con un remate que exigió la intervención de Pradilla. Se la encontró, pero el balón acabó en saque de esquina. Poco después fue Jon Martín el que obligó de nuevo al guardameta rojiblanco a lucirse tras un cabezazo bien dirigido que golpeó en el muslo del portero zarauztarra. Padilla era el sostén de su equipo, evitando que la superioridad visitante se tradujera en el marcador.

Sin embargo, el momento que cambió el pulso emocional del derbi llegó en el minuto 44. Un remate de Caleta-Car impactó claramente en las manos de Laporte dentro del área, desatando las protestas inmediatas de los jugadores realistas. La acción fue revisada, pero Melero López, desde el VAR, consideró que no era penalti. Sánchez Martínez ni tan siquiera acudió al monitor para ver la acción.

La decisión encendió los ánimos del conjunto donostiarra, que se marchó al descanso con la sensación de haber sido perjudicado en una jugada determinante, como entendió que sucedió hace escasos días en el derbi liguero, en el que la Real acabó con diez jugadores por una expulsión de Brais Méndez.

La Real volvió de vestuarios con el mismo ánimo de dejar encarrilada la eliminatoria. Pero en su camino volvió a encontrarse con Padilla y también con el palo. La mano del zarauztarra impidió el tanto de Mikel Oyarzabal y Pablo Marín, con todo a favor, se topó con el poste. El Athletic estaba grogui. Valverde introdujo cuatro cambios de golpe, buscando una reacción que no llegaba. Todo lo contrario. Una internada de Guedes acabó con el luso por el suelo. Sánchez Martínez amonestó al once de la Real por tirarse. A renglón seguido, un disparo del portugués, desatado, se marchó desviado por poco. Pero la tercera ocasión con Guedes como protagonista acabó en gol. Soler se inventó un pase que solo vio el él y Guedes. El luso levantó el balón tras la salida de Padilla y ahí apareció Turrientes para, con el corazón, poner el balón dentro de la portería rojiblanca.

El delantero del Athletic Club Nico Williams, tras una ocasión fallida.Miguel Tona (EFE)

El tanto de Turrientes, construido desde la fe, la insistencia y el talento colectivo, terminó por hacer justicia a una noche en la que la Real fue superior en juego y ocasiones. Supo sobreponerse a alguna decisión arbitral que encendió los ánimos, resistió cuando el partido exigía temple y encontró premio a su convicción. San Mamés, tantas veces territorio inexpugnable, fue escenario de una reivindicación futbolística txuri urdin. Ahora queda para la Real rematar la faena en Anoeta, ante su gente, con la sensación de que el equipo ha dado un paso competitivo y emocional que le acerca un poco más a la gran cita de La Cartuja.

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