El ICE detiene a una monja que iba a misa en Texas y su comunidad presiona hasta liberarla

La hermana Norma Pimentel recibió el domingo por la noche a la hermana Leticia Ugboaja con un abrazo interminable. Ambas lloraron sin parar.
—Yo pensé que nadie me quería, que estaba sola —dijo, privada en llanto, la hermana Ugboaja al mantener el apretón.
—No estabas sola. Estábamos todos contigo y sentimos mucho que tuviste que estar en este sitio —le replicó Pimentel, que narra la escena que vivió en una entrevista telefónica con EL PAÍS.
En ese momento, la hermana Ugboaja, originaria de Nigeria, salía del centro de detención del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) El Valle, en Raymondville, a una hora de la fronteriza McAllen, en Texas. Pero ese mismo domingo por la mañana, a las 9.00 a.m., caminaba a la iglesia Nuestra Señora de los Dolores, a una cuadra de su casa. Iba a misa. Pero en plena calle fue interceptada por agentes migratorios, que le decomisaron su Biblia y su rosario y la detuvieron, cuenta Pimentel.
Desde el centro del ICE El Valle, la hermana Ugboaja logró llamar a un sacerdote de la parroquia para avisarle de la detención. A partir de entonces y sin que ella lo supiera, su comunidad la acompañó. El sacerdote llamó a la hermana Pimentel para informarle; y ella se comunicó con agentes migratorios. Un juez del condado, congresistas de ambos partidos —Mónica De La Cruz, republicana, y federales Vicente González y Henry Cuéllar, demócratas—, así como autoridades de la iglesia católica, todos abogaron por su liberación, en un esfuerzo descomunal.
10 horas después de la detención, Pimentel y Ugboaja se estaban dando aquel abrazo.
Una detención injustificada
La hermana Leticia, explica la Diócesis en un comunicado enviado a EL PAÍS, presta servicio voluntario como ministra extraordinaria de comunión en la iglesia de Nuestra Señora de los Dolores y trabaja como enfermera en el Sistema de Salud del Sur de Texas, del Centro Médico de McAllen. Antes de eso, trabajó por una década como auxiliar de enfermería en otro centro médico en Edinburg, también en el Valle del Río Grande, en Texas. Es parte de la congregación Hijas de María, Madre de la Misericordia, fundada en Nigeria, su país de origen.
La Diócesis aseguró que siguen juntando información sobre las razones que originaron la detención y la forma en que se realizó el procedimiento. “Resulta evidente que los protocolos de actuación del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), que permiten que una religiosa o cualquier persona sea detenida y esposada mientras se dirige pacíficamente a la iglesia un domingo por la mañana, son profundamente inquietantes y deben reformarse”, condenó el arzobispo Daniel E. Flores en el comunicado.
Desde la campaña electoral para su reelección, el presidente Donald Trump prometió que su Gobierno llevaría a cabo arrestos y deportaciones históricas, así como una expansión de espacios para la detención de inmigrantes sin documentos. Luego de asumir en enero de 2025, esas promesas se fueron cumpliendo.
En ese momento, los centros de detención del ICE albergaban a cerca de 40.000 personas al día. Un año después, ese número se había incrementado más de 75%, según datos del Consejo Americano de Inmigración, una organización sin fines de lucro que investiga la inmigración en Estados Unidos. El mismo centro reportó para ese momento un aumento de 2.450% en el número de detenidos sin antecedentes criminales. Ambas cifras han seguido en ascenso.
El DHS y el ICE no respondieron a la solicitud de información sobre las razones por las que la hermana Ugboaja fue detenida. Asimismo, Brenda Nettles Riojas, directora de comunicaciones de la Diócesis, explicó que los abogados de la institución están revisando el caso y recomendaron que Ugboaja no dé entrevistas por el momento.
En su lugar, Pimentel, quien es vicaria de las hermanas por la diócesis, explicó que las monjas que vienen del extranjero normalmente lo hacen con una visa que les autoriza para trabajar de forma temporal en Estados Unidos. Asegura que, tras su liberación, la hermana Ugboaja recibió una orden para presentarse ante el ICE el próximo 28 de julio.
Una comunidad en “shock”
La hermana Pimentel es reconocida por la comunidad fronteriza por sus años de trabajo y apoyo a los inmigrantes en la frontera. Ella no recuerda que en el pasado el ICE hubiera detenido a otra religiosa: Ugboaja es el primer caso por el que ha tenido que abogar. Dice que la comunidad ha quedado “sorprendida”.
Cuenta que en la diócesis han comenzado a evaluar cambios para proteger al resto de las religiosas. Van desde recomendaciones para que lleven sus documentos siempre que salen a la calle, hasta la creación de un archivo con copias de esos papeles y los números de contacto con familiares para poder ayudar más rápido a cualquiera que enfrente la misma situación.
En el caso de la hermana Ugboaja, los documentos estaban en su casa y no tuvieron manera de ingresar porque no tenían la llave.
“Me preocupa que esto pueda volver a ocurrir (…) Es muy triste que se lleven a alguien de esa manera. Ella no hace nada malo, se dedica a servir a Dios y es enfermera”, dice.
Aunque la hermana Leticia o ‘Letty’, como es conocida, ya fue liberada, Pimentel asegura que sigue recibiendo llamadas de otras religiosas para saber cómo se encuentra y cómo la pueden apoyar. Tras la detención de Ugboaja, cuenta, solo escuchaba cosas buenas de la monja: “Me acompañó cuando mi mamá estaba enferma”, dijo una persona; “es hermosa, dedicada”, se le escuchó a otras.
Dice que la religiosa quedó “emocionalmente muy afectada”, con miedo y trauma de que la situación se repita. También se siente muy agradecida por ese respaldo que no esperaba.



