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La inminente llegada de ‘El Niño’ echará “más leña al fuego de un mundo que se calienta”

Al proceso de calentamiento global que vive el planeta motivado principalmente por la quema de combustibles fósiles se le unirá, de forma inminente, según vaticinan los expertos, un evento natural que puede complicar aún más la situación: la llegada de El Niño, un patrón climático caracterizado por el aumento del calor en la superficie del agua en las áreas tropicales del Pacífico que acaba teniendo efectos en todo el globo, intensificando fenómenos extremos.

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) ha instado este martes a estar preparados para su llegada, ya que calcula que existe un 80% de posibilidades de que se instaure ya entre junio y agosto. Esa probabilidad sube al 90% cuando se analizan las posibilidades de que esté activo al menos hasta noviembre de este año.

Aunque sus consecuencias pueden variar, El Niño ha traído en anteriores ocasiones —la última vez que se dio fue entre 2023 y 2024 y se registraron temperaturas globales récord— cambios en “las pautas de temperatura y precipitación a escala mundial”, además de aumentar “el riesgo de fenómenos meteorológicos extremos”, como recuerda la OMM.

Pero El Niño es solo la gota que colma un vaso lleno hasta los topes debido a las emisiones de efecto invernadero de la economía mundial. António Guterres, secretario general de la ONU, ha recurrido este martes a otra comparación a través de un vídeomensaje: “Las condiciones asociadas al episodio de El Niño echarán más leña al fuego de un mundo que se calienta”. Y ha añadido: “Las consecuencias se dejarán sentir con una intensidad todavía mayor y su alcance será aún más amplio, cruzando fronteras a una velocidad devastadora”.

Pero, más allá de este fenómeno natural, Guterres ha insistido en que la única respuesta “eficaz” para paliar los impactos es “una acción climática a la altura de la crisis”, que pase por “acabar con la adicción a los combustibles fósiles” y “acelerar la transición a las energías renovables”. Además, su receta la completa la protección de “los más vulnerables” y la puesta en marcha de los “sistemas de alerta temprana” en todo el mundo para avisar a la población de la llegada de eventos extremos.

De moderado a fuerte

Aunque desde hace semanas algunos científicos apuntan a la posibilidad de que este sea un episodio muy intenso, en la actualización de sus proyecciones de hoy la OMM recuerda que hay que ir “con cautela” a la hora de realizar los pronósticos todavía en esta época del año. En cualquier caso, la OMM en estos momentos sostiene que El Niño que se está formando “podría ser, por lo menos, moderado, aunque su intensidad podría llegar a ser fuerte”. También existe incertidumbre sobre cuándo podrá alcanzar su apogeo.

Lo que sí tienen claro por las observaciones de las últimas semanas es que “desde mediados de mayo de 2026 se observa un aumento de las anomalías de la temperatura de la superficie del mar en la zona centroriental del Pacífico ecuatorial”. Esto, explica el documento de la OMM, “indica un calentamiento continuado de las aguas que puede favorecer la instauración de un episodio de El Niño”.

“Tenemos que prepararnos para un episodio de El Niño potencialmente fuerte, que exacerbará las sequías, potenciará las lluvias intensas y agravará el riesgo de olas de calor tanto en tierra como en el océano”, ha advertido a través de un comunicado la secretaria general de la OMM, Celeste Saulo. “El episodio más reciente de El Niño, ocurrido en 2023/2024, fue uno de los cinco más intensos de los que se tiene constancia y contribuyó a las temperaturas mundiales sin precedentes que se registraron en 2024”, ha enfatizado. Ahora hay ya algunos científicos que apuntan a una alta probabilidad de que 2026 se cierre como el segundo año —o incluso el primero— más cálido registrado en el planeta, desbancando a 2024.

El Niño suele producirse con una periodicidad de entre dos y siete años, y su duración oscila entre nueve y doce meses, explica la OMM. Normalmente, comienza a formarse entre marzo y junio, y alcanza su apogeo entre noviembre y febrero. Y entre sus consecuencias está que las temperaturas mundiales suelen ser más pronunciadas durante el segundo año del episodio.

La OMM recuerda, además, que no existen indicios de que “el cambio climático aumente la frecuencia o la intensidad” de estos episodios. “Sin embargo, puede amplificar los efectos asociados porque los fenómenos meteorológicos extremos, como las olas de calor y las lluvias intensas, disponen de más energía y humedad a raíz del incremento de las temperaturas del aire y del océano”. Es decir, más leña al fuego del cambio climático.

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