Fútbol puro en el Sardinero

Todos los partidos de Copa deberían jugarse en el norte, en una noche invernal y con las torretas de iluminación haciendo rebotar sus haces de luz entre la lluvia. Así recuerdo al Pasarón de mi infancia, a cubierto del orballo en el tejadillo de uralita de la grada de preferencia. Eran nuestras únicas citas con la gloria en años ya de decadencia.
En este invierno crudo que nos ha tocado, el Barça se la juega a un partido ante el histórico Racing, frente a la playa del Sardinero, primera línea de combate contra las galernas. Se espera noche de frío, quizás algo de lluvia, y seguro que fútbol puro e intenso. El líder de Primera contra el líder de Segunda, una especie de Supercopa a mitad de temporada y a partido único. Bajo el subsuelo del Sardinero no hay petroleo, como en Yeda, pero sí cien años de fútbol, del de toda la vida.
El Barça tiene ante sí el partido más importante de esta temporada. El pasado ya no cuenta y para el futuro Dios dirá. Solo vale el presente de indicativo, y más aún si no hay segundas oportunidades. O ganas y sigues adelante, o te quedas en el arcén, apeado del trofeo decano, el más original y el menos plastificado.
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Competición de acento británico, donde no existen clases sociales o se disimulan, sólo fútbol bajo la lluvia. Sería un detalle que saliesen todos con botas negras y dorsales del 1 al 11, homenaje a la liturgia de un torneo único.
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