El Clásico revive con Chivas líder y arde con América urgido

LOS ÁNGELES — El Clásico Nacional se avecina. Hay un escenario poco frecuente: Chivas en la cima del acantilado y América escalando penosamente los riscos de la incertidumbre. Casi el doble de puntos marca las distancias: El Rebaño suma 15 por ocho de El Nido.
Sí, ya se sabe: poco importa la numeralia cuando son las condiciones y las ambiciones humanas y futbolísticas las que sentencian un Clásico Nacional. Poco importan incluso las efemérides. El entorno podrá atiborrarse de fantasmas y crónicas gastadas. Ninguno de ellos pisa la cancha, apenas, acaso, se apelmazan como efímero cotorreo de la tribuna.
No hay garantías. Sí, Chivas hoy juega mejor al futbol. De hecho, juega mucho mejor futbol que los balbuceos americanistas de este torneo. El Tricampeonato reposa en el anecdotario. Y aún así, nadie arriesga conscientemente en apostar su patrimonio en una rayuela ajena. Porque América juega con 12 siempre. Algo beben, algo tragan, algo los posee en Coapa, que se imbuyen de ese misticismo pernicioso y fascinante del #ÓdiameMás.
Sí, el Guadalajara ha encontrado bajo el padrinazgo de Gabriel Milito el recurso ancestral de jugar a lo Chivas, como homenajeando ese parteaguas cuando Enrique Aceves Latiguillo, en su columna de El Informador, quiso estigmatizarlas diciendo que jugaban como “chivas locas”. Nunca se imaginó que Guadalajara terminaría siendo un patronímico en desuso, bajo la casta de Chivas. Sí, el pedigrí incierto permanece, aunque, con Milito, hay cordura y hay devoción.
Chivas llega como líder al Clásico Nacional Imago7
André Jardine sigue parchando a su equipo. Su pieza más importante, después de Alejandro Zendejas, se ha ido: Álvaro Fidalgo dejó una herencia, pero no dejó un heredero para el puesto. Y no sólo se trata de futbol sino de untarse emocionalmente del compromiso de ser el “8” americanista.
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Ahora, Jardine cuenta con Rodrigo Dourado y Raphael Veiga, ambos cargados de los cromosomas de la cuna de los mecenas artísticos del futbol: Brasil y su Pentacampeonato. ¿Alcanzarán para reconstruir al América? Si Guillermo del Toro fue capaz de reinventar un seductor Frankenstein, Jardine podría engendrar también un mejor mamotreto, aunque de momento tiene dos pies izquierdos.
No hay mucho misterio. En los Clásicos juegan otros valores, especialmente los intangibles, los impredecibles, los inmensurables: la devoción, la personalidad, la testosterona, la inspiración, el hambre, la desesperación, y, claro, personajes mezquinos como el miedo, la incertidumbre. Y sí, los imponderables: una tarjeta, una lesión, un desliz —o una fechoría— del árbitro.
Los héroes de los Clásicos pueden ser tipos poderosos, legendarios, como Salvador Reyes, Tigre Sepúlveda, Carlos Reinoso, Alfredo Tena, Fernando Quirarte o Zague, pero, también alcanza hasta para tipos pusilánimes que se mitifican por accidentes, por un desplante hormonal, como ocurrió con El Chicote Calderón. Hay espacio para todos, para semidioses y para mortales. Para eruditos y para pelagatos.
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Peláez estalla por las declaraciones de Campillo previo al Clásico Nacional
El jugador de Chivas declaró que el Clásico Nacional contra América para ellos es un partido más, lo que generó indignación en Ricardo Peláez.
A cada edición, en tiempos modernos, se juguetea con una hipérbole –casi un sofisma– en mesas de debate: “El Clásico está tan viejo que envejece mal y caduca”. Y, sin embargo, se mueve… y mueve legiones, marabuntas, a veces de manera irracional con brotes de violencia, y a veces en la esfera perniciosa de la estupidez en redes sociales, donde los perdigones del insulto rebasan la cautela y mesura de los argumentos, como si todo estruendo apagara las velas del entendimiento.
Pero, por eso, el Clásico Nacional sobrevive. Incluso a los malos tiempos de ambos equipos. O incluso a los malos –o pésimos– peones que –eventualmente– no merecen vestir alguna de esas camisetas.
Sí, sobrevive porque está bajo la égida poderosa de la rivalidad, la historia, la tradición, y la cascada, pero vigente batalla entre el equipo que nació en provincia y de entre los fracasos del “ya merito”, y del otro, el engendro poderoso de la plutocracia televisiva. El amasiato accidental funcionó: hoy no puede vivir el uno sin el otro. La desgracia de uno es la desgracia del otro. El encumbramiento de uno urge la humillación del otro.
Si acaso, el tiempo ha amainado los vendavales verbales. Sin Jorge Vergara recientemente, y sin Emilio Azcárraga Milmo, desde el siglo pasado, los herederos de ambos personajes han elegido una discreción que los hace verse apocados. Con Vergara hubo desplegados y apuestas; con El Tigre, el aparato televisivo encabritaba a la nación futbolera contra su equipo. Él gestó genuinamente el #ÓdiameMás, pero sin la necesidad de decretarlo ni de bautizarlo. Era más la esencia pura que un código de barras.
Chivas tiene una ausencia importante: Luis Romo, un tipo de esos poco habituales en el futbol mexicano. Lento de metabolismo, pero ágil de mente. Es la catapulta del Guadalajara. Seguramente, esta semana, Milito rediseñó al equipo. No perderá el sello de futbol ofensivo y aseado, pero recurrirá a otras formas. Los cinco en el fondo le daban una tenacidad absoluta al ataque. Seguramente volverá a un 4-3-3, con las variantes que Diego Campillo o el Oso González le aporten.
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Milito lo sabe: la dinámica del equipo alcanzará para forzar a jugadores de más pausa en media cancha, y también obligará a que Alejandro Zendejas se involucre más en defensa que en ataque.
La ausencia de Romo será aleccionadora para Chivas. Después de América, se le viene un calendario complicado, muy diferente de la estela de inválidos que encaró en las primeras cinco jornadas. Después de América, aparecen el urgido Cruz Azul, el Bicampeón Toluca y Atlas, que siempre busca la manera de amargar la vida al Rebaño. Y sin Romo, Chivas tendrá romo –sin filo– el plan de ataque para esos partidos.
Ya tienen árbitro asignado: César Ramos Palazuelos, de malos recuerdos para América, por aquella final contra Monterrey en la que se negó a consultar el VAR, desde donde le reclamaban una acción que pudo haber resucitado a El Nido.
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¿Cómo llegan Chivas y América al Clásico?
Actualidad de rojiblancos y azlcremas de cara a na nueva edición del duelo entre los más populares de México.
Sí, César es el silbante que se siente más papista que el Papa, y el América sabe que no se conmueve a su favor ni encendiendo veladoras en busca de un ansiado soplo de la Rosa de Guadalupe.
Así pues, al torneo mexicano le sentará bien este Clásico Nacional con el encuadre perfecto bajo la imperfección de un América en reconstrucción y de unas Chivas que lideran el torneo, con miradas de reojo de sospechas, por sus enclenques adversarios, y con las dudas que provoca la lesión de Luis Romo.
Al final coinciden los dos entrenadores. Uno intenta reinventar desde las ruinas de su Tricampeonato, y el otro adaptar una forma de juego bajo la pujanza de la soldadera que se ha quedado sin mariscal en el fondo. Y después ya todo quedará en pies, cabeza y espíritu, de quienes pisen la cancha.




