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El GEN-GOB constata el deterioro de 17 de las 18 praderas de posidonia analizadas en Ibiza

El estudio 2025 elaborado por el GEN-GOB sobre el estado de las praderas de Posidonia oceanica en Ibiza revela que 17 de las 18 estaciones de muestreo analizadas este año se encuentran en “situación desfavorable” debido al elevado porcentaje de pradera muerta registrado en los puntos estudiados.

Los datos se integran en la Xarxa Posidonia del Govern de les Illes Balears y el trabajo ha sido posible gracias a la cofinanciación de IbizaPreservation y del Ayuntamiento de Sant Josep. El informe ha sido presentado este jueves en las oficinas municipales de Sant Jordi, a cargo del responsable del área marina del GEN-GOB, Xisco Sobrado; la coordinadora de la Xarxa Posidonia del Govern balear, Elena Burgos; y la directora de operaciones y comunicaciones de IbizaPreservation, Kate Benyon-Tinker.

Talamanca, en situación crítica

Entre las zonas más afectadas, el estudio sitúa la Bahía de Talamanca, donde la media de pradera muerta alcanza el 50%, con valores que oscilan entre el 30% y el 70% según la estación de muestreo. Los datos evidencian una pérdida significativa de cobertura viva y una presión continuada sobre el ecosistema.

En Cala Vedella, los registros muestran además un empeoramiento progresivo en los últimos años, lo que confirma una tendencia negativa sostenida en el tiempo. Según Sobrado, los resultados “confirman la tendencia de degradación observada en los últimos años y evidencian una presión continuada sobre el ecosistema que dificulta su recuperación en determinadas zonas”.

Las estaciones analizadas se distribuyen en Talamanca, Cala Roja y Cala Vedella—con el apoyo de IbizaPreservation—, así como en sa Conillera, Cala d’Hort, Cala Llentrisca, Porroig y la Xanga, con el respaldo del Ayuntamiento de Sant Josep.

Frente al escenario general de deterioro, Cala Roja presenta los indicadores más favorables del estudio, con mayor cobertura de posidonia viva y sin los descensos acusados que sí se observan en otras estaciones, una situación que los técnicos vinculan a su menor exposición a impactos antrópicos.

Anclajes, vertidos y olas de calor, entre las causas

El informe atribuye el deterioro de las praderas a distintos factores de origen humano, como el anclaje de embarcaciones sobre el fondo marino, los vertidos de salmuera procedentes de plantas desaladoras y la existencia de emisarios submarinos. A estas presiones se añade además el efecto de las olas de calor marinas.

Los investigadores explican que, gracias a sensores de temperatura instalados en varios puntos del litoral, se ha podido comprobar que durante el verano el agua permanece durante semanas por encima de los 28 grados, el límite que la posidonia puede soportar sin sufrir daños. Este aumento prolongado de la temperatura genera un estrés añadido para la planta, con especial incidencia en la bahia de Talamanca.

El programa de seguimiento, que el GEN-GOB mantiene desde 2019, se realiza mediante inmersiones y métodos que no dañan el ecosistema. A través de estas campañas se mide la superficie y densidad de la pradera, así como la presencia de zonas degradadas, especies invasoras o nacras. Los trabajos continúan este año con nuevas salidas previstas entre marzo y octubre en distintos puntos de la costa, con el fin de seguir evaluando la evolución de las praderas y su estado de conservación.

Presentación del informe sobre la posidonia en las oficinas municipales de Sant Jordi / Vicent Mari

Un patrimonio natural clave

La posidonia oceanica es una planta marina esencial para la biodiversidad y el equilibrio ecológico de las Pitiusas. Sus praderas actúan como sumidero de carbono, producen oxígeno, estabilizan los fondos marinos y contribuyen a mantener la transparencia y calidad del agua.

Además, la pradera de es Freus, situada entre Ibiza y Formentera, forma parte de los bienes incluidos en la declaración de Ibiza como Patrimonio de la Humanidad por parte de la Unesco, lo que subraya su valor ecológico excepcional y la responsabilidad colectiva en su conservación.

La presentación pone sobre la mesa un diagnóstico preocupante y refuerza el debate sobre la necesidad de reducir las presiones humanas y reforzar las medidas de protección para garantizar la supervivencia de uno de los ecosistemas más emblemáticos del Mediterráneo.

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