La familia argentina que viajó 22 años por el mundo en un auto de 1928

Tras 362.000 kilómetros recorridos en cinco continentes a bordo de un auto de 1928, la familia Zapp culminó en 2022 en Argentina, su país, la aventura viajera que comenzaron 22 años atrás, convencida de que la “humanidad es maravillosa”.
La ciudad de Gualeguaychú, en la frontera de Argentina y Uruguay, fue una de las últimas paradas antes de llegar el domingo al Obelisco, el famoso monumento en el corazón de Buenos Aires desde donde partieron Candelaria y Herman Zapp el 25 de enero de 2000. Volvieron con cuatro hijos adolescentes, nacidos en distintos puntos del planeta.
“Los sentimientos son muy encontrados. Estamos terminando un sueño o más bien cumpliendo un sueño. Lo lindo es vivirlo. ¿Qué vendrá después? Miles de cambios, miles de opciones”, dijo Herman que, a sus 56 años sueña con dar la vuelta al mundo, esta vez en velero.
Candelaria tenía 29 años cuando emprendieron el periplo. Ahora, a los 54, dijo que “todo fue más lindo que lo imaginado. Lo que descubrimos fue la gente”.
“La gente es maravillosa, es increíble la humanidad”, insistió la mujer que conoció 102 países, pese a que alguna vez “un conflicto o una guerra nos obligó a desviar el camino”.
Un día del 2000 partieron
Llevaban seis años de casados y tenían “buenos trabajos”. Habían terminado de construir su casa en las afueras de Buenos Aires, esa que finalmente es el hogar familiar. Deseaban hijos pero antes querían viajar. Comenzó así una aventura de mochileros hacia Alaska.
Alguien les ofreció el auto de 1928, un Graham-Paige, que estaba mal de motor y de pintura. “Ni siquiera arrancaba”, evocó Candelaria.
“El auto no tenía los mejores asientos, ni la mejor amortiguación, tampoco aire acondicionado. Era un auto que te obligaba a estar alerta. No parecía cómodo pero fue maravilloso, fue un ‘abre-puertas’, sirvió para las ciudades, para el barro, para la arena“, se entusiasmó Herman.
En los 22 años solo usaron ocho sets de neumáticos y realizaron dos aperturas de motor.
“Si hubiera tenido una 4×4 cero kilómetros ahora ya no existiría, éste era más lindo ahora que cuando salió”, se entusiasmó Herman mientras desplegaba hacia arriba la carpa que el auto llevaba en su techo y donde dormían los cuatros hijos cuando les toca acampar.
Ya en ruta y con los dos primeros hijos (Pampa, nacido en Estados Unidos, de 22 años, y Tehue nacido en Argentina, de 20) agrandaron el auto. Se cortó por la mitad y le agregaron 40 centímetros y un asiento.
Así quedó preparado para la llegada de Paloma, nacida hace 17 años en Canadá, y Wallaby, en Australia hace 15.
Después se sumaron Timon, el perro, y Hakuna, la gata, adoptados durante una estadía en Brasil, donde quedaron varados en 2020 por la pandemia del covid.
Desde el techo, una lona caía y les daba privacidad adentro del vehículo, donde dormían los padres. Llevaban el maletero como cocina y en el motor podían cocinar huevos y salchichas o calentar agua. Debajo de los asientos se guardaba la ropa y los útiles. Como si fuera un caracol, el coche antiguo sirvió por muchos años de casa familiar.
“Era una casa pequeña pero con un jardín enorme, con playas, montañas, lagos. Si no gusta el paisaje, se puede cambiar”, bromeaba Herman. En la carrocería se leía: “Una familia viajando alrededor del mundo”.
Habitaron 2.000 hogares
En general, los Zapp se hospedaron en casas. Estimaron en 2.000 los hogares que los recibieron. “Es increíble la humanidad”, se entusiasmaba Candelaria sobre la solidaridad recibida. “Muchos nos ayudaron solo por ser parte de un sueño”.
Pero no todo fueron rosas. Durante el viaje Herman contrajo malaria, atravesaron Asia cuando había gripe aviar, África con el ébola, Centroamérica con dengue.
“Salimos de un covid, entramos en una inmensa guerra, si esperábamos el momento adecuado, siempre iba a haber siempre una razón para no cumplir los sueños”, dijo Herman.
Otros “abre-puertas” por el mundo fueron el astro Lionel Messi y el papa Francisco, por ser argentinos, como ellos. Incluso, los fueron a visitar para agradecerles.
Todo empezó como un viaje de seis meses, sin teléfonos celulares ni GPS, y solo 4.000 dólares ahorrados. Llevó cuatro años y un hijo llegar a Alaska, regresaron en barco a Argentina y recorrieron el país. Después siguió África, Oceanía, Asia y Europa.
Tocaron el monte Everest, probaron balut (huevo de pato fertilizado) en Asia, bailaron con los himba en Namibia, entraron en la tumba de Tutankamón en Egipto, navegaron muchos mares.
Para los hijos, fue una experiencia directa que completó el colegio a distancia y las clases de la madre.
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