Entramos en la exclusiva casa de Diego Simeone (56 años) y Carla Pereyra (38 años) en Madrid: lujo minimalista, 1.900 metros cuadrados y 6 baños

En plena cuenta atrás hacia una noche decisiva, Diego Pablo Simeone afronta uno de esos partidos que definen temporadas. Al frente del Atlético de Madrid, el técnico se juega el pase a la final de la Champions League frente al Arsenal, tras un empate en la ida que deja todo abierto. Pero más allá de la presión del césped, hay otro escenario donde el argentino encuentra equilibrio: su casa. Una preciosa mansión en una de las zonas más cotizadas de la capital, que supone una de las grandes joyas de su extenso patrimonio.
El entrenador ha construido junto a Carla Pereyra un refugio a medida. La pareja lleva más de una década juntos y tienen dos hijas en común: Francesca y Valentina. Unidos, han encontrado en La Finca, una de las urbanizaciones más exclusivas de la capital, un hogar familiar. Mientras que su trabajo le lleva a viajar por todo el mundo con su equipo en ocasiones, siempre hay tiempo para volver a casa a desconectar… Sobre todo si hablamos de un lugar con casi 2.000 metros cuadrados. ¡Menuda pasada!
Entre sus vecinos destacan compañeros del universo futbolístico como son Marcos Llorente o Thibaut Courtois. ¡Analizamos todos los detalles de su hogar!
La casa de Diego Simeone en Madrid: lujo, minimalismo y mucha luz natural
La vivienda responde a una estética muy definida: líneas limpias, materiales nobles y una apuesta clara por el llamado quiet luxury, ese lujo silencioso que prioriza la calidad y la coherencia visual frente a lo ostentoso. La luz natural es uno de los ejes del hogar, filtrándose a través de grandes ventanales que conectan el interior con el jardín. El salón principal actúa como núcleo de la casa. Una moqueta en tono azul profundo articula el espacio, mientras un sofá modular en bouclé blanco organiza las distintas zonas sin necesidad de divisiones físicas.
La casa de Diego Simeone y su mujer en Madrid / Instagram: @carla.pereyra15
Hay también guiños más personales. Un rincón dominado por madera oscura introduce un mueble dorado y un espejo que distorsiona la percepción del espacio, acompañado por un tocadiscos vintage que aporta carácter. Muy cerca, la zona de bar, situada bajo una escalera panelada, añade un aire retro. Mientras tanto, en el dormitorio principal, la atmósfera cambia hacia algo más envolvente: textiles suaves, tonos cálidos y una iluminación natural que recuerda a la de un hotel de alta gama.




