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La psicología como trinchera y abrazo

La comunidad estudiantil y las nuevas voces profesionales de la psicología revelan que el quehacer de esta disciplina va más allá de un consultorio aislado. Estudiar esta carrera hoy implica un compromiso con el entorno social y la disposición de mirar lo que muchas veces pasa desapercibido.

Para quienes inician este viaje de formación, la disciplina representa la consolidación de un sueño que inició en la infancia y el asombro de descubrir la complejidad de la mente humana. “Poder ayudar a las personas, a entender cómo se sienten, a sobrellevar momentos difíciles en su vida, es muy importante para mí”, comentó Aleyda Sujei Martínez Flores, estudiante de tercer semestre.

En esa misma etapa de la carrera se encuentra Alison Salazar Camberos, quien detalló que “estudiar psicología siempre me ha apasionado, fue mi sueño entrar aquí; y ahora que lo estoy viviendo, ver temas tan complejos, ver la salud mental, poder apoyar a otras personas y ver más allá de la superficie se me hace sumamente importante”.

Ese impulso inicial se transforma con el paso de los semestres en una práctica constante de empatía, calidez y rigor profesional. “Para mí, ser psicóloga es la mejor decisión que he tomado en mi vida, es una profesión que me llena el corazón”, explicó Natalia Canales Valdivia, egresada de la carrera. Para ella, un buen psicólogo debe de ser el pilar que el paciente necesita para descubrir y explotar su potencial, acompañándolo y dándole la seguridad necesaria para dar el paso que se requiere.

Por su parte, Mónica Aidée Huerta González, alumna de séptimo semestre enfocada en el área educativa, coincidió en que la carrera fue hecha para brindar acompañamiento: “Ser psicóloga significa empatía, mucho amor, mucha calidez, mucho profesionalismo. La carrera fue hecha para el acompañamiento y para ir, poco a poco, mejorando el entorno de nuestra sociedad”.

Sin embargo, la psicología contemporánea en nuestro contexto no se limita al bienestar individual, sino que cuestiona el impacto de las dinámicas estructurales en el sufrimiento de las personas. “Ser psicólogo, psicóloga, es ser un agente de cambio”, señaló Ingrid Nayely Osorio Jacobo, estudiante de sexto semestre; ella destaca la importancia de no ignorar las problemáticas colectivas que atraviesan tanto a los profesionales como a sus pacientes en el ejercicio cotidiano.

Esta visión colectiva cobra aún más fuerza al analizar el cansancio sistemático que caracteriza el día a día en nuestra región. La práctica de la psicología se convierte así en un espacio de resistencia y comunidad. “Pienso que es muy diferente ser psicólogo, aquí en Latinoamérica, a ser psicólogo en Europa”, expresó Fernanda Toro Montaño, alumna de tercer semestre, quien agregó que la labor de este profesional implica ayudar a que las personas se comprendan a sí mismas y se quiten la culpa de encima en un sistema que las agota y las hace pensar que sólo sirven para trabajar.

De acuerdo con la estudiante, ejercer esta profesión también significaría conmoverse, cuestionarse y aceptar la vulnerabilidad como una vía para construir comunidad, demostrando que expresar los sentimientos y encontrarnos con los otros tiene el poder real de transformar las cosas.

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